En el imperio Romano, cuando un General llegaba victorioso y se le recibía en honor de multitudes, a su lado siempre había un esclavo que le susurraba constantemente al oído Memento moris, memento moris , es decir, recuerda que eres mortal.
He necesitado 4 años del resto de mi vida para escribir mi primera entrada. Intenté hacerlo durante la convalecencia, pero nunca encontré el momento. Siempre había alguna excusa que me permitía mantener los pensamientos ocultos bajo el tejado de mi casa. Hoy he dicho ¡BASTA! y me lanzo a la aventura cibernética de un experimento cuyo resultado ignoro cuál va a ser.
Soy médico (¡qué le vamos a hacer, nadie es perfecto!) y soy un enfermo. La genética me ha jugado una mala pasada y mis coronarias se han atragantado por causa de una "hiperlilpemia familiar combinada" expresión que refleja un trastorno en el metabolismo de las grasas.
Nunca me he preguntado por qué a mi, que nunca he fumado y mantenido lo que se podría llamar una vida sana, pero lo cierto es que me ha tocado.
Esa maldita raya en el pecho me recuerda que soy mortal y que merece la pena vivir mirando hacia delante, con esperanza y alegría, aunque cueste mucho hacerlo. Y cuesta porque vivimos en un país y en un mundo desquiciado: crisis económica que afecta sobre todo a los de siempre, los que menos tienen (y la mala gestión política como causa subyacente); rescates económicos a los que más tienen, y no me refiero sólo a instituciones, cajas, bancos... si no también a los que trabajan en ellos, por ejemplo las famosas tarjetas de Caja Madrid (y la mala gestión política como causa subyacente); epidemias que atraviesan barreras geográficas en aviones puestos por gobiernos (y la mala gestión política como causa subyacente); pueblos que lucha en guerras sin fin (y la ausencia de gestión política como causa subyacente)...
¡Y encima voy yo y enfermo! (y la política no pinta nada aquí), vamos, salvo que sea ella la que me acuse, como a la pobre María Teresa, que sigue peleando contra el maldito virus ingresada en el hospital Carlos III de Madrid.
Mal vamos en un país en el que un cargo de servicio público, algo que se le olvida con frecuencia a los políticos, y con capacidad de poder cambiar las cosas, acusa a un profesional de la sanidad pública de tener la culpa de todos sus males.
En fin, hoy me pica la cicatriz más de lo normal. Como el comer y el rascar todo es empezar y ya he comido, me voy a rascar mientras veo llover tras los cristales de casa.

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